La sobrecogedora leyenda del Cristo de los Cuatro Clavos en Úbeda

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Úbeda es una ciudad donde la historia se escribe en piedra, pero también en la memoria. Entre sus iglesias, plazas y calles antiguas sobreviven relatos que no aparecen en los archivos, pero que siguen vivos gracias a la tradición oral. Una de las leyendas más conmovedoras y profundas es la del Cristo de los Cuatro Clavos, una historia que une fe, promesas y desesperación humana.

Esta leyenda está estrechamente ligada a la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, uno de los templos más importantes de la ciudad. En su altar mayor se encuentra una imagen de Cristo crucificado que llama poderosamente la atención por la torsión de su cuerpo. A diferencia de otras representaciones, este Cristo aparece sujeto con cuatro clavos y adopta una postura retorcida que ha despertado preguntas durante siglos.

Desde el punto de vista artístico e iconográfico, esta torsión responde al estilo de la época en la que fue tallada la imagen, buscando una mayor expresividad y dramatismo. Sin embargo, el pueblo de Úbeda ha conservado otra explicación, mucho más antigua y cargada de emoción.

La historia comienza con una familia dedicada a la sastrería, un oficio humilde pero respetado en la ciudad. Tenían dos hijos, Paco y Miguel, y ambos se enamoraron de la misma joven, Juana. Fue el hermano mayor quien finalmente logró casarse con ella, mientras que el menor, incapaz de soportar el dolor, decidió abandonar Úbeda durante años para intentar olvidar aquel amor imposible.

Paco y Juana se hicieron cargo del taller familiar. El negocio prosperó gracias al esfuerzo constante de ambos, trabajando día y noche para atender a una clientela cada vez mayor. Paco, obstinado en salir adelante por sus propios medios, se negó siempre a contratar a un aprendiz, lo que terminó por desgastar su salud.

Cuando Paco cayó gravemente enfermo, pidió a Juana una promesa en su lecho de muerte: que no volviera a casarse jamás. Ella aceptó, convencida de que cumpliría su palabra. Tras su fallecimiento, Juana decidió continuar al frente del negocio, decidida a demostrar que podía valerse por sí misma sin traicionar la promesa hecha a su esposo.

Fue entonces cuando Miguel regresó a la ciudad. El amor que sentía por Juana nunca había desaparecido y trató de acercarse a ella en varias ocasiones. Juana siempre fue clara y firme en su negativa. Sin embargo, los rumores comenzaron a extenderse por Úbeda, dañando su reputación y provocando que muchos clientes dejaran de acudir a la sastrería.

La situación se volvió insostenible. Para poder alimentar a sus hijos, Juana pensó en vender su casa. Al buscar las escrituras, descubrió que habían desaparecido. Desesperada, registró cada rincón sin éxito. En su angustia, llegó a creer que Miguel las había robado y acudió al hostal donde se hospedaba, pero tampoco allí encontró nada.

Sin recursos y al borde del abandono, Juana acudió a la Basílica de Santa María. Aquel Cristo era objeto de profunda devoción para ella y para su difunto esposo. De rodillas, llorando, le suplicó ayuda. Prometió que, si aparecían las escrituras, entregaría su vida a Dios.

Cuenta la leyenda que, tras largo rato de oración, el cuerpo del Cristo comenzó a moverse. Entre la cruz y su torso cayeron las escrituras de la casa. Juana las recogió, temblando, mientras la imagen quedaba fijada para siempre en la postura retorcida que hoy podemos contemplar.

Desde entonces, el Cristo pasó a ser conocido como el Cristo de los Cuatro Clavos, y su imagen quedó asociada a este milagro. La escultura permanece tal y como, según la tradición, quedó tras aquel suceso, convirtiéndose en uno de los símbolos más enigmáticos de la ciudad.

Esta leyenda forma parte del patrimonio intangible de Úbeda y es uno de los relatos que se transmiten en las visitas guiadas por la ciudad. En los free tours en Úbeda, realizados por guías oficiales, se explican tanto la interpretación artística de la imagen como la historia popular que ha marcado la devoción de generaciones enteras.

Porque en Úbeda, la fe, la historia y la leyenda conviven en silencio, esperando a ser escuchadas.

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